El maltrato físico es fácil de detectar: un zarandeo, un apretón en el brazo, un cachete, un tirón de pelo….aunque pueda empezar pareciendo un juego.
El maltrato psicológico o emocional es más sutil y puede incluso llegar a considerarse algo normal y justificable.
Al inicio de una relación hay actitudes que se pueden percibir como halagadoras, románticas o atractivas, sean manifestaciones de posesividad (eres sólo mío/a), de dependencia (no puedo vivir sin ti), incluso chantajes vitales (si me dejas moriré o me mataré), y caracteres “fuertes” o “difíciles” (yo no me callo nada, soy muy impulsivo/a y reacciono sin pensar, conmigo no se juega, yo soy así)
Con el paso del tiempo se van estableciendo patrones de conducta y roles que partiendo de esas manifestaciones iniciales pueden degenerar en una relación asimétrica en la que hay un miembro dominante que toma el control de la vida del otro sometiéndolo a su voluntad.
Es importante la detección temprana de una relación de este tipo para poder concienciar a la víctima de su situación y dotarla de estrategias de afrontamiento reforzando su autoestima y su identidad.