Una de las estrategias para afrontar el trastorno de ansiedad con éxito consiste en experimentar un cambio de actitud y disposición hacia el problema. Un cambio de conciencia.
Los síntomas psicofisiológicos de la ansiedad patológica son intensos, de frecuencia y duración alta y suelen cronificarse en el tiempo.
La percepción de indefensión ante los mismos síntomas tiene un impacto negativo en todas las áreas vitales de la persona, pudiendo llevar a incapacidad y deterioro profundos en la autonomía y la calidad de vida.
La persona que tiene un trastorno de ansiedad vive sumida en un torbellino de sensaciones, emociones y pensamientos que no controla, frecuentemente centrada en sí misma y su problema, perdiendo la perspectiva de la situación.
Como metáfora podemos imaginar a una persona que haciendo rafting por un rio se cae de la balsa, el agua baja rápida y en remolinos y ella empieza a ahogarse sintiéndose víctima de una situación incontrolable y presa del pánico. El monitor de la balsa alarga el brazo dentro del agua, agarra a la persona por el salvavidas y la pone en pie. El agua sólo le llega a la cintura. Tras unos momentos para comprender lo que ha ocurrido, la persona puede volver a subir a la balsa y seguir adelante.
Salir del caos que suele suponer un trastorno de ansiedad pasa por tomar conciencia del problema en todas sus facetas.
Pararse y tomar el control. Decidir actuar y dirigir activamente las acciones y cambios que llevan a superar el problema.
Tomar conciencia implica la capacidad de poder comprender y observar desde un plano más objetivo lo que ocurre en nuestro interior.
Conciencia de los síntomas fisiológicos, de que su magnitud es subjetiva y por lo tanto susceptible de modulación y ajuste.
Conciencia de las emociones negativas que acompañan a determinadas percepciones. Saber que con práctica se pueden cambiar voluntariamente.
Conciencia de las consecuencias negativas que mantener ciertas actitudes tiene sobre el propio entorno físico, emocional y social.
Conciencia de que las soluciones existen y que con esfuerzo y voluntad siempre mejorarán la situación.
Ser conscientes de las ventajas que los cambios que se practiquen tendrán sobre todos los aspectos de la vida. Esta es la fuente principal de motivación e impulso.
Como en la metáfora anterior, un psicólogo puede ayudarte a levantar, empezar a comprender el problema en términos y dimensiones modificables y poner medios para controlarlo.
No es fácil ni inmediato, pero funciona.