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Isabel Armenteras Vilamala
Psicóloga Especialidad clínica


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Psicología.nu - Directorio de Psicología

control de la ansiedad

La ansiedad (y emociones similares como el miedo, la fobia, la angustia, el pánico) se presenta como un conjunto de reacciones fisiológicas, cognitivas y conductuales en respuesta a la percepción de peligro.
Si este peligro es objetivamente real, la ansiedad es una reacción adaptativa que facilita el afrontamiento a la amenaza preservando nuestra seguridad.
Si el peligro percibido es imaginado las reacciones son las mismas pero no son adecuadas a la situación ya que no hay nada que de verdad nos esté amenazando.
Un ejemplo: vamos andando solos de noche, por una calle mal iluminada y desierta. De repente vemos un hombre con una navaja en la mano que se acerca rápidamente hacia nosotros. La percepción de peligro es real.
Podemos reaccionar activamente, huyendo o atacando (poco aconsejable en este caso) y para esta disposición el corazón y la respiración se aceleran mandando sangre y oxígeno a los músculos para correr. La sangre abandona el estómago y la digestión para ir a los músculos con lo que la sensación es de vacío o nudo. Los pensamientos se aceleran buscando una solución y puede aparecer “visión de túnel” focalizando una vía de escape. Como la situación es inesperada se puede producir un efecto de desrealización o despersonalización que nos aleja de nosotros mismos, no podemos creer lo que nos está pasando.

Si la disposición es pasiva por habernos quedado paralizados o por habernos podido esconder, la sangre abandona los músculos, nos quedamos fríos y lívidos. La respiración se hace superficial y la garganta se tensa con sensación de nudo. Podemos pensar que vamos a desmayarnos.
Este mismo proceso se desencadena cuando nos encontramos en una situación objetivamente inofensiva pero que percibimos como peligrosa.
Un ascensor es una cabina sin ventanas en la que durante unos minutos estamos encerrados con otras personas. La percepción de alto grado de peligro es irracional ya que la probabilidad de quedar encerrados es baja y en caso de ocurrir no hay más que esperar pacientemente a que nos rescaten. No nos asfixiaremos ni seremos aplastados, en todo caso será desagradable y estaremos incómodos pero no muertos.
Si tenemos fobia a los ascensores podemos reaccionar con la misma ansiedad cuando subimos en uno que si nos atacara el agresor de la navaja.
Buscar una situación imaginaria realmente peligrosa y confrontarla con lo que nos está asustando sin causa objetiva ayuda a racionalizar y poner en su justa medida lo que hemos magnificado subjetivamente.
Aprender a racionalizar nuestras reacciones ante cualquier situación inofensiva que nos provoque ansiedad patológica, sea un examen, un centro comercial, un autobús lleno, el cine, un ascensor o la vida misma, es un primer paso hacia el conocimiento y control del trastorno.

Una de las estrategias para afrontar el trastorno de ansiedad con éxito consiste en experimentar un cambio de actitud y disposición hacia el problema. Un cambio de conciencia.
Los síntomas psicofisiológicos de la ansiedad patológica son intensos, de frecuencia y duración alta y suelen cronificarse en el tiempo.
La percepción de indefensión ante los mismos síntomas tiene un impacto negativo en todas las áreas vitales de la persona, pudiendo llevar a incapacidades y deterioros profundos en la autonomía y la calidad de vida.
La persona que tiene un trastorno de ansiedad vive sumida en un torbellino de sensaciones, emociones y pensamientos que no controla, frecuentemente centrada en sí misma y su problema, perdiendo la perspectiva de la situación.
Como metáfora podemos imaginar a una persona que haciendo rafting por un rio se cae de la balsa, el agua baja rápida y en remolinos y ella empieza a ahogarse sintiéndose víctima de una situación incontrolable y presa del pánico. El monitor de la balsa alarga el brazo dentro del agua, agarra a la persona por el salvavidas y la pone en pie. El agua sólo le llega a la cintura. Tras unos momentos para comprender lo que ha ocurrido, la persona puede volver a subir a la balsa y seguir adelante.
Salir del caos que suele suponer un trastorno de ansiedad pasa por tomar conciencia del problema en todas sus facetas.
Pararse y tomar el control. Decidir actuar y dirigir activamente las acciones y cambios que llevan a superar el problema.
Tomar conciencia implica la capacidad de poder comprender y observar desde un plano más objetivo lo que ocurre en nuestro interior.

Conciencia de los síntomas fisiológicos, de que su magnitud es subjetiva y por lo tanto susceptible de modulación y ajuste.
Conciencia de las emociones negativas que acompañan a determinadas percepciones. Saber que con práctica se pueden cambiar voluntariamente.
Conciencia de las consecuencias negativas que mantener ciertas actitudes tiene sobre el propio entorno físico, emocional y social.
Conciencia de que las soluciones existen y que con esfuerzo y voluntad siempre mejorarán la situación.
Ser conscientes de las ventajas que los cambios que se practiquen tendrán sobre todos los aspectos de la vida. Esta es la fuente principal de motivación e impulso.
Como en la metáfora anterior, un psicólogo puede ayudarte a levantar, empezar a comprender el problema en términos y dimensiones modificables y poner medios para controlarlo.
No es fácil ni inmediato, pero funciona.